Gestión del balance de blancos en fotografía y vídeo

Guía práctica para gestionar el balance de blancos en situaciones típicas, incluyendo flujos de trabajo RAW, JPEG directo de cámara y vídeo.

Ejemplo de balance de blancos con iluminación 6500K

Para sacar más provecho de este artículo recomiendo leer previamente los artículos sobre temperatura de color y balance de blancos

Balance de blancos automático - AWB

Todas las cámaras incluyen un modo de balance de blancos automático (AWB - Auto White Balance), que suele funcionar bastante bien en la mayoría de las situaciones.

Balance de blancos automático

La cámara analiza la información del sensor, hace una estimación del tipo de iluminación que había en la escena (temperatura de color y tinte) y aplica el balance de blancos para generar la imagen final JPEG o la previsualización si estamos trabajando en RAW.

La ventaja de este modo es que nos podemos despreocupar del balance de blancos.

Yo lo pondría como modo por defecto en la cámara. Y sólo lo cambiaría cuando necesitara seguir un flujo de trabajo más preciso.

Las desventajas serían, desde mi punto de vista:

  • El balance de blancos automático hace la estimación en cada foto, por lo tanto cada imagen de una serie puede tener un balance ligeramente diferente. Si trabajamos en JPEG o en vídeo nos podemos encontrar con fotos o tomas con matices de color diferentes.
  • No tenemos control, la cámara decide por nosotros.
  • Puede fallar por ejemplo cuando hay dos o más fuentes de luz diferentes iluminando la escena.
  • Puede fallar en la estimación en escenas en las que predomina mucho algún color, por ejemplo paisajes de otoño en los que predominan los tonos cálidos, paisajes de hielo en los que predominan los azules, objetos o edificios en los que sólo hay variantes de un color…

Quizás no nos interesará en situaciones concretas, por ejemplo al amanecer y atardecer (hora dorada, hora azul…), porque en esas situaciones seguramente queremos mantener las dominantes: el efecto de la luz cálida o la luz fría sobre la escena.

Muchas cámaras incluyen opciones para mantener los tonos cálidos. Por ejemplo al atardecer, la cámara detecta esa situación y aplica un balance más conservador para mantener esa dominante.

Trabajando en formato RAW, yo elegiría el balance de blancos automático para el 99.9% de las situaciones, porque en la fase de revelado RAW podemos ajustar el balance de blancos a voluntad sin pérdida de información o desventaja con respecto al ajuste exacto en cámara.

Si vamos a trabajar con JPEG directo de cámara o vamos a grabar vídeo, y necesitamos tener cierto control sobre el balance de blancos, entonces sería recomendable seguir un flujo de trabajo más riguroso.

Para la inmensa mayoría de las situaciones y proyectos, el balance de blancos automático suele ser más que suficiente.

IMPORTANTE: que el balance de blancos sea perfecto no implica que los colores sean ‘perfectos’, el balance de blancos forma parte de la gestión de color, pero la gestión de color incluye muchas más cosas. Que el balance de blancos sea perfecto no implica que la imagen sea más bonita o más atractiva. La mayoría de las veces se altera el balance de blancos por cuestiones artísticas.

No tiene mucho sentido buscar un balance de blancos preciso en cámara o seguir flujos de trabajo complejos, si luego vamos a modificar el balance de blancos a voluntad en edición para hacer la foto más atractiva o para buscar un efecto artístico.

Si por el motivo que sea necesitamos una gestión precisa del color o que el balance de blancos sea lo más preciso posible, entonces sí valdría la pena seguir algún flujo de trabajo que nos permita tener más control.

Flujo de trabajo para fotografía en formato RAW

Cuando hacemos una foto en RAW se guarda la información captada por el sensor, tal cual, sin calibraciones ni interpretación de color.

Esa información RAW no es una imagen como tal. La tenemos que llevar a un programa de revelado RAW para procesarla y convertirla en la imagen final, en algún formato que permita su representación física: JPEG, TIFF, etc.

La ventaja de RAW es que nos da muchísimo control y a la vez nos da bastante margen durante la sesión fotográfica. Muchas decisiones las podemos delegar a la fase de revelado / edición.

Vamos a ver un par de flujos de trabajo sencillos.

Si tenemos control sobre la situación

Es decir, tenemos cierto control sobre la iluminación, sobre la propia escena y de los tiempos.

Por ejemplo en situaciones de estudio o ambientes controlados: sesión de retrato, fotografía de producto, inmobiliaria…

Vamos a necesitar un blanco de referencia: una carta de blancos, carta de balance de blancos, carta de color, carta de grises (pero para balance de blancos, no la típica carta del 18%)…

El blanco de referencia debería ser (idealmente) un material que absorbe y refleja la luz siguiendo un espectro de absorción concreto, homogéneo, que no introduzca dominantes de color.

Un folio blanco puede ser un apaño si no tenemos otra cosa, pero no tendremos una garantía totalmente fiable.

Las cartas de grises al 18% están pensadas para ayudar con la exposición, no para el balance de blancos.

Las cartas de color suelen incluir parches de gris y blanco neutros, que valdrían perfectamente.

Para este flujo de trabajo no hace falta que el blanco de referencia sea una superficie grande.

Vamos a dividir la sesión en series. Cada vez que cambie algún parámetro de la iluminación corresponderá con una nueva serie.

Es decir, cualquier cambio en la iluminación afectará potencialmente al balance de blancos, y por lo tanto habrá que incluir el blanco de referencia para hacer la calibración a posteriori.

Para cada serie:

1.- Fijar el esquema de iluminación

Una vez hechas las pruebas iniciales se fija el esquema y ya no se modifica durante toda la serie.

El esquema incluye las fuentes de luz y también elementos, fondos, paredes, techos, etc. que puedan introducir dominantes de color.

Hay que tener en cuenta que si hay varias fuentes de luz con distinta tecnología, distinta temperatura de color, con dominantes… el balance de blancos se puede convertir en una pesadilla.

2.- Colocamos el blanco de referencia

Por ejemplo la carta de blancos o la carta de color.

Lo ideal sería colocarla en la escena, cerca del sujeto principal.

Si hay varias fuentes de luz tendremos que decidir cuál de ellas será la referencia para el balance de blancos. Normalmente la luz principal (key).

Tendríamos que intentar asegurar que el blanco de referencia recibe esa luz: lo orientaremos ligeramente hacia la fuente que corresponda, evitaremos que quede situado en alguna sombra.

3.- Elegir balance de blancos en cámara

Podemos elegir balance automático.

O podemos fijar una temperatura de color de forma manual, cercana a la temperatura real de la fuente de luz (podemos hacer una estimación, no hace falta que sea algo exacto, pero no tendría mucho sentido elegir una temperatura de color muy alejada).

También podemos elegir uno de los balances predefinidos, el que case mejor con la situación.

Este balance de blancos en cámara no va a afectar a los datos RAW, así que tenemos mucho margen.

Si forzamos una temperatura de color muy alejada de la iluminación real puede afectar indirectamente a temas de exposición y automatismos (la cámara utiliza la versión JPEG de la imagen para hacer ciertas estimaciones)

4.- Hacemos foto de referencia

Esta primera foto de la serie (podemos hacer varias para asegurar) nos servirá como referencia en el programa de revelado.

5.- Completamos las fotos de la serie

Quitamos el blanco de referencia de la escena y continuamos con la sesión.

Todas las fotos de esta serie tendrán las mismas condiciones de iluminación y estarán representadas por la imagen inicial de referencia.

6.- Si cambian las condiciones de iluminación: repetimos proceso

Por ejemplo, si estamos haciendo una sesión en exteriores tendremos que repetir el proceso cada cierto tiempo, a medida que cambia la posición del sol, si aparecen nubes, etc.

Al final se trata de un equilibrio entre precisión y eficiencia.

Habrá proyectos en los que se necesite una precisión un poco mayor.

7.- Balance de blancos en la fase de revelado RAW

Cuando abramos la sesión en el programa de revelado, tendremos inicialmente una interpretación por defecto, la que hace cada programa de revelado.

Es decir, lo que vemos en pantalla es una interpretación concreta (de las infinitas interpretaciones) a partir del fichero RAW.

Organizaremos las fotos por series.

Abrimos la imagen inicial de una serie, donde aparecerá el blanco de referencia.

Usamos la herramienta de balance de blancos (o calibración de color o similar dependiendo del programa).

Todos los programas tienen la opción de cuentagotas o selección rectangular para marcar puntos que corresponden al blanco de referencia. Yo prefiero usar un área para que el programa utilice valores medios y evitar así errores debidos al ruido.

A partir de ese blanco de referencia, el programa puede hacer una estimación del iluminante (su temperatura de color y tinte) y aplicará el balance de blancos de forma automática.

Y prácticamente todos los programas de revelado tienen la opción de replicar un ajuste concreto a toda una selección de imágenes.

Seleccionaríamos el ajuste de balance de blancos de nuestra imagen de referencia y lo replicaríamos a todas las demás fotos de la serie.

Y repetiríamos el proceso para todas las series de la sesión.

Si no tenemos control sobre la situación

Por ejemplo en fotografía de eventos o prácticamente cualquier tipo de fotografía que no sea una sesión planificada.

La ventaja de trabajar en RAW es que no tenemos que tomar la decisión en el momento de la toma.

Yo personalmente usaría en estos casos el balance de blancos automático en cámara.

Si tenemos la posibilidad de incluir un blanco de referencia, una carta de blancos o un objeto gris neutro, eso nos ayudaría en la fase de revelado.

En esa fase de revelado haríamos básicamente lo mismo que he comentado en el apartado anterior.

Buscaríamos la imagen con el blanco de referencia y la tomaríamos como base para hacer el balance de blancos.

Si no hemos podido usar una referencia: podríamos buscar un elemento neutro en alguna de las imágenes de la serie: un objeto que sepamos que es gris o blanco, lo más neutro posible.

Como en estas situaciones no hemos podido controlar las condiciones de iluminación, hay que contar con que posiblemente habrá un desplazamiento en temperatura de color entre unas fotos y otras (movimiento del sol, nubes, encuadres diferentes).

Pero al menos podremos mantener una cierta coherencia entre las fotos de cada serie.

Flujo de trabajo para fotografía JPEG y vídeo

Si necesitamos trabajar con las fotos directas de cámara (JPEG) o vamos a grabar vídeo.

Aquí la cosa se complica porque prácticamente no hay margen de error.

Tenemos que clavar el balance de blancos en cámara. En edición el margen de ajuste va a ser mínimo. La cámara ya decidió el balance de blancos y procesó toda la información. Cualquier corrección de color a posteriori corre el riesgo de ‘romper’ la imagen (artefactos de color, pérdida de coherencia…)

En el caso de vídeo hay otro problema añadido. Si hacemos muchas tomas (pequeñas secuencias para unirlas luego en la línea de tiempo) cada una de ellas puede tener un balance de blancos diferente si hemos usado el balance de blancos automático, incluso si las condiciones de iluminación no han cambiado. Esto se notaría en pequeños ‘saltos’ de color entre secuencia y secuencia.

Voy a comentar varios flujos de trabajo relativamente sencillos para mitigar estos problemas.

Balance de blancos personalizado

Vamos a necesitar un blanco de referencia. Cuanto más grande, mejor.

Y vamos a intentar replicar el flujo de trabajo con RAW en la medida de lo posible.

Lo que buscamos con este flujo es que los colores de los objetos de la escena se vean con sus colores ‘intrínsecos’, los colores que tendrían con luz solar.

1.- Fijar el esquema de iluminación

No se modifica durante toda la serie.

2.- Colocamos el blanco de referencia

Siguiendo los mismos criterios que vimos antes.

3.- Balance de blancos personalizado en cámara

Prácticamente todas las cámaras tienen la opción de balance de blancos personalizado (Custom WB)

Cada cámara tiene un procedimiento diferente, pero la idea básica es que vamos a hacer una foto del blanco de referencia situado en la escena. La cámara analiza ese ‘blanco’, hace una estimación de las características de la luz y establece la temperatura de color que corresponda (y el tinte normalmente).

Ese balance es el que utilizaremos durante todas las tomas, siempre que no cambien las condiciones de iluminación.

El inconveniente de este método es que en algunas cámaras hay que rellenar el encuadre con el blanco de referencia. Así que posiblemente tendremos que acercar la cámara, o hacer zoom… o buscarnos la vida para conseguir ese encuadre cerrado.

Lo importante es que no alteremos la luz que recibe el blanco de referencia. Da igual si esa imagen del blanco aparece enfocada, en muchos casos tendremos que desactivar el enfoque automático.

4.- Hacemos las fotos de la serie o las tomas de vídeo

Quitamos el blanco de referencia de la escena y continuamos con la sesión.

En el momento en que cambien las condiciones de iluminación tendríamos que repetir el proceso.

No tenemos blanco de referencia

Si no tenemos blanco de referencia o no podemos hacer un balance de blancos personalizado.

Aquí también buscamos que los objetos aparezcan con sus colores ‘intrínsecos’.

Podemos elegir un balance de blancos predefinido en cámara que case lo mejor posible con el tipo de iluminación de la escena.

Balance de blancos - Modos predefinidos

No tendremos un balance de blancos perfecto, pero los colores serán coherentes con esa situación y se mantendrán estables para todas las tomas (importante en el caso de vídeo).

Queremos conseguir un efecto artístico

Por ejemplo si estamos grabando una escena al atardecer, o en interior con iluminación cálida, etc.

En estos casos no queremos que los objetos de la escena tengan su color intrínseco. Queremos que la escena conserve esos tonos, esas dominantes de color.

O también puede ocurrir que tengamos una iluminación neutra pero queremos forzar que la escena se vea más cálida o más fría por cuestiones artísticas.

Para cualquiera de estas situaciones podemos elegir una temperatura de color de forma manual en cámara.

Si elegimos una temperatura del orden de 5000-6000K, el resultado final corresponderá más o menos con lo que percibimos con nuestros ojos en esa escena.

Por ejemplo, si estamos grabando un atardecer, la escena aparecerá con tonos cálidos en la imagen.

Si estamos grabando durante una hora azul o escenas heladas o similar, esas escenas aparecerán con tonos fríos en la imagen final.

Para alterar esos tonos de forma artificial:

  • Si indicamos a la cámara una temperatura de color mayor: los colores de la escena tenderán hacia los tonos cálidos (rojizos).
  • Si indicamos a la cámara una temperatura menor: los colores tenderán a los tonos fríos (azulados).
IMPORTANTE: hay que tener en cuenta que para estos ajustes nuestra referencia suele ser la pantalla de la cámara o su visor en el caso de mirrorless. No suele ser una referencia totalmente fiable. Hay que contar con que esos matices de color se verán ligeramente diferentes en un monitor calibrado.
Recuerda que si estamos trabajando en JPEG o grabando vídeo, el resultado final es el que es. No será posible cambiarlo mucho en edición, el margen de modificación es muy pequeño.

Balance de blancos personalizado

La mayoría de las cámaras con controles manuales (réflex, EVIL, compactas de gama media y alta…) permiten hacer un balance de blancos a partir de la iluminación de la escena.

Balance de blancos personalizado

El balance de blancos personalizado es la mejor opción para vídeo (y para fotografía si usamos JPEG directamente de cámara en lugar de RAW)

¿Cómo se hace un balance de blancos personalizado?

1.- Necesitas una carta de gris neutro / blanco neutro

Puedes utilizar un folio blanco si no tienes otra cosa a mano, pero ten en cuenta que el blanco del papel varía bastante entre marcas, calidades, etc.

2.- Coloca la carta de gris justo donde vaya a estar el sujeto principal de la escena, para que reciba la misma iluminación

3.- En tu cámara, en la opción de balance de blancos, elige una de las opciones ‘Custom’

Hay cámaras que sólo incluyen una personalización, otras que incluyen varias personalizaciones que podemos guardar para situaciones similares, por ejemplo si haces foto en estudio con el mismo tipo de iluminación.

4.- Configura el balance de blancos personalizado usando la carta de gris neutro

Este paso depende de cada modelo de cámara.

Normalmente la cámara te indica que rellenes el encuadre con la carta de gris. En otros modelos sólo tienes que rellenar con el gris/blanco una parte central del encuadre.

No hace falta que la imagen esté enfocada.

En algunos modelos se finaliza pulsando el botón de disparo, en otros pulsando el botón ‘OK’ para confirmar la configuración, etc. La cámara suele indicar paso a paso lo que tienes que hacer.

5.- Mientras no cambien las condiciones de iluminación de la escena podrás usar ese balance de blancos personalizado para tus fotos o tomas de vídeo.

IMPORTANTE: mi recomendación es que cuando termines la sesión vuelvas a colocar el balance de blancos en automático (AWB). Para la próxima sesión, si se te olvida configurar el balance de blancos y trabajas con JPEGs directos de cámara o vídeo, al menos tendrás un balance más o menos razonable. Si se te olvida y dejas una configuración personalizada es probable que esa sesión quede inservible.

Balances predefinidos

La ventaja de los balances predefinidos es que son muy fáciles de usar.

Además, cada modo suele incluir los ajustes de temperatura de color y tinte (muy útil para el caso de iluminación con fluorescentes)

Balance de blancos - Modos predefinidos

La mayoría de las cámaras incluyen configuraciones para las situaciones más habituales:

  • Luz natural (mediodía)

  • Flash

  • Nublado

  • Zona de sombra en exteriores

  • Fluorescente

  • Tungsteno / incandescente

Si trabajas con JPEGs directos de cámara o con vídeo, estas opciones pueden ser útiles cuando se quiere mantener una cierta coherencia entre tomas y no hay tiempo para hacer un balance de blancos personalizado.

Trabajando con RAW pueden servir como referencia visual durante la sesión. Pero no afectarán a la información guardada en el fichero RAW.

Si trabajas con flash, ten en cuenta que algunas cámaras permiten gestionar el balance de blancos para flash desde menús específicos. Es decir, la configuración específica para flash se activará (y tendrá prioridad) cuando la cámara detecte el uso de flashes externos.

Ajuste manual de la temperatura de color

Muchas cámaras incluyen también la opción de configurar una temperatura de color exacta.

Esta opción suele venir indicada con la letra K (de Kelvin)

Podemos indicar a la cámara la temperatura moviendo alguno de los diales o las flechas de la cruceta trasera (dependiendo de la cámara)

A través de la pantalla o el visor electrónico podemos ver el efecto sobre la escena, o podemos ir tomando diferentes imágenes para ajustar exactamente la temperatura de color que queremos.

Esta opción puede ser útil si queremos dar un determinado efecto a la fotografía (JPEG) o vídeo, por ejemplo para dar un efecto más cálido o más frío.

Si queremos hacer un balance de blancos exacto, esta opción es quizás más arriesgada porque tomando como referencia la imagen en la pantalla de la cámara no vamos a tener información suficiente para ajustar a ojo y clavar el balance.

Hay dispositivos llamados colorímetros que muestran la temperatura de color exacta que recibe la escena. En ese caso sí tendríamos una referencia exacta para configurar esa temperatura de color en cámara.

Balance de blancos con varias fuentes de luz

El balance de blancos se puede complicar bastante cuando tenemos varias fuentes de luz en la escena, cada una de ellas con diferente temperatura de color y/o diferente tecnología de emisión.

En esas condiciones, el balance de blancos automático probablemente hará una evaluación global de la escena y aplicará algún ajuste intermedio.

Como es una decisión que depende de los algoritmos internos de la cámara no podemos estar seguros de cómo se comportará.

Además, cualquier pequeño cambio en el encuadre o en la iluminación exterior (una nube que pasa frente al sol por ejemplo) puede provocar un cambio significativo en el balance de blancos y por lo tanto un desplazamiento de los colores.

Para ese tipo de situaciones suele ser preferible hacer un balance de blancos personalizado, tomando nosotros la decisión sobre qué tipo de luz es la predominante o qué ambiente queremos recrear en la escena desde un punto de vista artístico.

Si trabajamos en RAW, lo ideal sería usar algún blanco de referencia, iluminado con la luz predominante.

Si tenemos la opción de modificar una de las fuentes de luz, podemos intentar igualar la dominante de color con respecto a la otra fuente que no podemos controlar. Por ejemplo si iluminamos con flash o focos de luz continua podemos utilizar geles (láminas tintadas) para cambiar la temperatura de color.

Pero en muchos casos va a ser imposible hacer un balance de blancos global de toda la escena.

Cuidado con la luz reflejada

Aunque tengamos una única fuente de luz (o varias fuentes con las mismas características) puede ocurrir que las paredes o los objetos situados alrededor de la escena no sean neutros y reflejen luz con cierta dominante.

Por ejemplo, muchas veces se trabaja con los flashes rebotando la luz en el techo para conseguir una iluminación suave o de relleno.

Si el techo está pintado de algún color no neutro, la luz reflejada incluirá esa dominante de color y seguramente tendremos una mezcla difícil de balancear.

Hay muchas situaciones en las que nos podemos encontrar con este tipo de efectos.

Y en otros casos los podemos buscar nosotros mismos para dar un toque especial a la escena, buscando algún efecto artístico.

El problema con los fluorescentes

Algunos tipos de lámparas fluorescentes introducen dominantes de color (p.e. en la zona de los verdes) que no encajan en el modelo de cuerpo negro y no pueden ser caracterizadas sólo por su temperatura de color.

También puede ocurrir con algunas lámparas LED, dependiendo de su calidad y de la tecnología que utilicen para producir la luz ‘blanca’.

La dominante verde de los fluorescentes sólo se puede compensar modificando los colores complementarios, lo que se suele conocer como tinte: el eje verde-magenta.

Por ese motivo (también porque nos podemos encontrar dominantes de todos los colores por la luz reflejada) los programas de edición y revelado incluyen los dos ejes.

  • El eje de Balance de blancos: rojos - azules
  • El eje de Tinte: verde - magenta

Algunas cámaras también incluyen opciones para ajustar los dos ejes, suelen venir indicados como eje A (Amber-Blue) y eje G (Green-Magenta)

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